Por Santiago Alcalá
El caso del joven Julio César Rivas, preso en la cárcel de Yare (liberado el lunes 28, por la presión pública estudiantil y ciudadana), por protestar contra el gobierno, retrata de cuerpo entero al régimen fascista, militarista, autoritario y mega corrupto del tirano Chávez.
La juventud venezolana está alzada, en buena hora. Su lucha ennoblece el gentilicio patrio, por lo que merece estímulo y protección, acompañamiento ciudadano activo, con conciencia progresista y civilista.
A este gobierno abusador, hay que ponerlo contra la pared, ¡para que respete! Los muchachos lo están haciendo, igual que los trabajadores petroleros zulianos y anzoatiguenses, seguros de sus derechos irrenunciables.
Durante esta década perdida, Chávez y sus adulantes han querido secuestrar, descalificar o desarticular sindicatos, federaciones laborales, gremios profesionales y organismos estudiantiles, y lo ha logrado parcialmente. Pero, por todas partes le saltan las liebres. 2009 ha sido el año de las protestas sociales y políticas democráticas, contrariando la aspiración gubernamental.
El pueblo -incluidos vastos sectores afectos al chavismo- rechaza el alto costo de la vida, la destrucción sistemática de empresas y puestos de trabajo, la pérdida del poder adquisitivo de sueldos y salarios, el cerco unipartidista contra los medios de comunicación social, el derroche y la corrupción descarada de la alta burocracia del Estado petrodolarizado que ha exacerbado el locato miraflorino, y sobre todo, la persecución política y la criminalización de las protestas populares.
En Venezuela, está corriendo mucha agua por debajo de los puentes. El país está en movimiento, mientras la clase política se desvanece, como lo registran todas las encuestas. Chávez, con una quinta parte de los electores como "piso duro" y un 15% más apoyando su oferta partidista, tiene enfrente al 65% de los venezolanos y venezolanas. Lo sabe perfectamente, y trata de maniobrar, pura finta, para despistar y amedrentar.
Como a Gómez en 1928, a Chávez le están saliendo nuevas generaciones de luchadores estudiantiles, laborales y vecinales, que nada o poco quieren saber de los fracasos del pasado y las mañas de los politiqueros de siempre, los de ayer y los de hoy, igualmente desvergonzados y aprovechadores, garrapatas adosadas al lomo del presupuesto público.
Estas huelgas de hambre radicales-mas no irracionales- cumplirán sus objetivos si no flaquean sus protagonistas y no falla la solidaridad por parte de la población, en toda la geografía venezolana.
¿Dejará, Chávez, morir de hambre a estos jóvenes universitarios y trabajadores petroleros? ¿Los mandará a tratar como "delincuentes", con sus fiscales y jueces tarifados?
Lo lógico es la negociación, sí, bajo presión, ante el mundo, ¡para que respete!, y cese el curso represivo que trata de asfixiar las múltiples expresiones de insatisfacción que genera su pillo e inepto gobierno.
Las dos peticiones básicas de los estudiantes en huelga de hambre, son razonables y de inmediata realización: libertad para el joven Julio César Rivas; y autorización sin limitaciones para el ingreso al país, de una comitiva investigadora de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para verificar el estado de las causas y las condiciones de encierro de los presos políticos venezolanos, entre quienes no contamos a los reos por delitos de corrupción (sean de los gobiernos y partidos que sean).
La protesta juvenil debe incrementarse con tesón y valentía, al calor de la solidaridad ciudadana, del accionar político democrático de la mayoría progresista de Venezuela: libertad, transparencia y justicia social deben nutrir la llama de lucha por los derechos el pueblo soberano.
Me gustan los estudiantes
¡Que vivan los estudiantes,
jardín de las alegrías!
Son aves que no se asustan
de animal ni policía,
y no le asustan las balas
ni el ladrar de la jauría.
Caramba y zamba la cosa,
¡que viva la astronomía!
¡Que vivan los estudiantes
que rugen como los vientos
cuando les meten al oído
sotanas o regimientos.
Pajarillos libertarios,
igual que los elementos.
Caramba y zamba la cosa
¡vivan los experimentos!
Me gustan los estudiantes
porque son la levadura
del pan que saldrá del horno
con toda su sabrosura,
para la boca del pobre
que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa
¡viva la literatura!
Me gustan los estudiantes
porque levantan el pecho
cuando le dicen harina
sabiéndose que es afrecho,
y no hacen el sordomudo
cuando se presenta el hecho.
Caramba y zamba la cosa
¡el código del derecho!
Me gustan los estudiantes
que marchan sobre la ruina.
Con las banderas en alto
va toda la estudiantina:
son químicos y doctores,
cirujanos y dentistas.
Caramba y zamba la cosa
¡vivan los especialistas!
Me gustan los estudiantes
que van al laboratorio,
descubren lo que se esconde
adentro del confesorio.
Ya tienen un gran carrito
que llegó hasta el Purgatorio
Caramba y zamba la cosa
¡los libros explicatorios!
Me gustan los estudiantes
que con muy clara elocuencia
a la bolsa negra sacra
le bajó las indulgencias.
Porque, ¿hasta cuándo nos dura
señores, la penitencia?
Caramba y zamba la cosa
¡Qué viva toda la ciencia!
(Violeta Parra, 1917-1967)
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Semanario LA RAZÓN
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Caracas, 27.09.2009
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